La guerra secreta de alianzas que definirá el control del poder en 2028
El debate sobre el escenario político dominicano y el horizonte de las elecciones de 2028 se ha instalado con fuerza en la opinión pública. Tras los pasados comicios, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) mantiene un dominio amplio en las estructuras estatales, con control en ambas cámaras del Congreso, la mayoría de los gobiernos locales y una posición determinante en los órganos extrapoder y las altas cortes.
En la otra acera, la oposición se presenta dividida. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) atraviesa un proceso de recomposición tras las divisiones sufridas desde 2019, mientras que la Fuerza del Pueblo se consolidó como la principal fuerza de oposición en representación congresual y municipal. Sin embargo, la dinámica política muestra una paradoja relevante: aunque la Fuerza del Pueblo ostenta el segundo lugar institucional, diversos estudios reflejan que el PLD aún retiene una mayor simpatía en ciertos sectores del electorado opositor.
La jugada estratégica del oficialismo
En este tablero político, la estrategia del partido de gobierno parece orientarse a mantener equiparadas las proyecciones electorales del PLD y de la Fuerza del Pueblo. Si el oficialismo se proyectara como una fuerza inalcanzable desde esta etapa, forzaría de manera casi obligatoria una alianza opositora en primera vuelta. En cambio, al proyectar un escenario donde ambas fuerzas opositoras se perciben con posibilidades similares, se incentiva a que compitan por separado.
Al conservar vivas las aspiraciones individuales de clasificar a una segunda vuelta, tanto el PLD como la Fuerza del Pueblo priorizan la disputa por el segundo lugar. Esta separación frena la posibilidad de un bloque unitario temprano y permite al partido oficialista administrar los tiempos de la contienda con mayor margen de maniobra.
Liderazgos y el dilema de la unidad opositora
Detrás de las candidaturas probables operan liderazgos de peso. En el PRM, perfiles como David Collado y Carolina Mejía se mueven bajo la influencia del presidente Luis Abinader e Hipólito Mejía. En el PLD, el expresidente Danilo Medina continúa dirigiendo la estrategia de la organización, que cuenta entre sus opciones principales con Gonzalo Castillo. Por su parte, en la Fuerza del Pueblo, el expresidente Leonel Fernández encabeza el proyecto político, acompañado por la figura de su hijo Omar Fernández.
El dilema central para la oposición radica en si la distancia entre sus principales líderes permitirá algún tipo de entendimiento. La rivalidad histórica entre Danilo Medina y Leonel Fernández ha marcado el rumbo de ambas organizaciones, convirtiendo la competencia en un asunto de supervivencia política. Si alguno de los sectores vislumbra que un eventual balotaje consolidaría definitivamente a su contraparte, las decisiones tácticas podrían alterar drásticamente las alianzas esperadas.
Mientras la fragmentación persista y cada partido intente medir su fuerza de forma independiente, el escenario electoral hacia el 2028 seguirá inclinándose en favor de la estrategia que logra mantener divididos a sus adversarios.












