analisis de la nueva direcion nacional del prm y los cambios estatuarios
La reciente convención nacional de delegados del Partido Revolucionario Moderno para renovar sus principales cargos directivos ha dejado al descubierto una serie de movimientos e intrigas internas que van mucho más allá de una simple renovación partidaria. Aparentemente, la organización oficialista ha salido bien librada de lo que muchos consideraban una verdadera prueba de fuego, pero un análisis detallado de los procesos revela que el camino ha estado plagado de escollos y dificultades que aún no han sido superados.
Desde la primera fase de este proceso convencional, la dirección ejecutiva aprobó que sus autoridades fueran electas mediante el voto universal de los miembros y militantes, para lo cual se llevó a cabo una actualización del padrón interno que terminó con una reducción de más de un millón y medio de electores. Sin embargo, poco después, la misma dirección dio un giro radical al aprobar que, en lugar del voto directo, se utilizara el consenso como método de elección. Esta maniobra provocó que el método del consenso muriera en el intento, siendo calificado como un proceso nato y muerto al nacer que terminó por ser torpedeado por los propios aspirantes y altos dirigentes debido a los intereses particulares en juego.
La modificación estatutaria y la prórroga de mandatos
Ante el fracaso del consenso, el tema central volvió a la dirección ejecutiva, donde se replanteó una modificación estatutaria para prorrogar por dos años el periodo de vigencia de las autoridades que debieron concluir en febrero de 2026. Esta disposición generó controversias y excepciones notables, como la de José Ignacio Paliza, quien había anunciado su salida para facilitar la llegada de un nuevo presidente del partido, y la de Carolina Mejía, quien al ser aspirante presidencial para el 2028 no podía continuar de manera simultánea como secretaria general.
La modificación estatutaria trajo consigo cambios orgánicos significativos en la estructura del PRM. Por un lado, se eliminó la figura del coordinador ejecutivo para crear la de vicepresidente ejecutivo, consolidando una nueva arquitectura de poder. Por otro lado, la prórroga del mandato de las autoridades nacionales se extendió por cuatro años en el caso de las autoridades provinciales, municipales y de distritos, mientras que para la cúpula nacional el plazo se fijó en los referidos dos años de gracia antes de las siguientes transiciones.
La nueva composición de la cúpula partidaria
El nuevo organigrama del partido oficialista ha quedado configurado con Luis Abinader como presidente del PRM, acompañado por Juan Garrigó Mejía en la secretaría general y Deligne Ascención como primer vicepresidente ejecutivo. Las vicepresidencias nacionales se ampliaron de tres a cinco, quedando ocupadas por Milagros Ortiz Bosch en la segunda posición, Eddy Olivares como tercer vicepresidente, Nelson Arroyo en la cuarta y Salvador Ramos en la quinta. En cuanto a las secretarías nacionales, Gloria Reyes pasa a ocupar la secretaría de organización y Luis Delgado asume la secretaría electoral.
Estos reacomodos reflejan un esfuerzo por ordenar las pretensiones de poder y mantener la armonía interna para evitar que la orquesta partidaria se desintegre. La salida temporal de figuras clave y la reasignación de funciones buscan blindar a la organización de cara al futuro político, asegurando que cualquier escenario venidero encuentre a las estructuras alineadas bajo una estrategia de continuidad y estabilidad institucional.












