El peligro invisible que amenaza la democracia dominicana
La estabilidad política y económica de una nación nunca es un regalo. Es el fruto de un esfuerzo constante y de una lucha que debe defenderse a capa y espada. Sin embargo, en la República Dominicana se observa un fenómeno preocupante que pocos están viendo: el caos informativo y el exceso de entretenimiento están erosionando la democracia, un proceso similar al que vivió Venezuela hace tres décadas cuando era una de las economías más sólidas del continente.
En la Venezuela de los noventa, el poder residía en la pantalla chica. Los programas de entrevistas políticas fragmentaron tanto la opinión pública que la credibilidad de los partidos, líderes e instituciones comenzó a descastarse de manera progresiva. La lección para el Caribe y la República Dominicana es clara: cuando una sociedad no puede mantener el foco en lo verdaderamente importante, se convierte en una población que entrega su libertad a la mejor postura.
Del debate de ideas al clic en el conflicto
El poder en la República Dominicana ha mutado hacia el algoritmo. Ya no es la antena, el televisor ni la radio tradicional los que deciden qué parte de la realidad consume la ciudadanía, sino el teléfono móvil.
La alofoquización social y sobre todo de los medios y la política es un fenómeno dominante en los medios digitales
, sustituyendo el debate profundo de ideas por el conflicto superficial y el escándalo constante.
Mientras cada escándalo mediático dura apenas veinticuatro horas y es rápidamente reemplazado por otro más absurdo, el ciudadano pierde su sentido crítico. No se trata de que la sociedad no esté informada, sino de que el exceso de entretenimiento la mantiene tan distraída que no cuestiona problemas estructurales de fondo como la corrupción y la violación a las leyes.
El espejo venezolano y el despertar social
En los años noventa, los candidatos venezolanos creían que para ganar unas elecciones no necesitaban propuestas, sino rating, por lo que recurrían al entretenimiento televisivo. Hoy en día, esa misma energía se ha trasladado al ecosistema digital, abriendo la brecha por donde suelen colarse los proyectos autoritarios.
Las mediciones electorales recientes revelan que más del cincuenta por ciento de la población electoral no se identifica con ningún partido político y que la abstención electoral en procesos pasados ha superado el cuarenta y cinco por ciento. Ante este panorama, la gran incógnita es si la sociedad dominicana está consumiendo contenido digital para comprender la realidad o si simplemente está eligiendo olvidarse de ella.












